Interpretar culturas

Hace ya algunos meses que debí haber escrito esta entrada pero como lo urgente es enemigo de lo importante —y en este caso de lo placentero— recién ahora encuentro el tiempo para contar los fundamentos de este blog.

Además de desempeñarme como intérprete y traductora, profesiones por las cuales siento una verdadera vocación, tengo otras tres pasiones, que no están reñidas en absoluto con las dos primeras: amo enseñar e investigar, y me apasiona la tecnología. Las dos primeras serán tema de otra publicación pero las menciono porque capacitar a otros tiene que ver con la transmisión de los conocimientos a quienes nos sucederán en el camino de la profesión y de la vida, y la investigación está íntimamente relacionada con la tecnología, término que hace temblar a muchos en nuestra profesión, y que, por el contrario, siempre he abrazado, atesorado y hasta concebido como objeto de futuras investigaciones.

La interpretación ha existido desde Babel, pero, es de la mano de la tecnología que llegó la interpretación simultánea, gracias al uso, en el juicio de Nüremberg, de un prototipo basado en un invento de la IBM. Como era similar a una red telefónica portátil, les valió a los intérpretes el mote despectivo de les telefonistes. A los profesionales de la época —muy avezados en el uso de la interpretación consecutiva desde la Liga de las Naciones— no les gustaba esta solución porque el intérprete quedaba relegado a la cabina, invisible, una mera voz descarnada. Hoy día, los auriculares son otra parte de nuestro cuerpo y el micrófono, otra cuerda vocal.

Con la creación de los múltiples organismos internacionales, la interpretación de conferencias alcanza su plenitud y, en 1953, nace la Asociación Internacional de Intérpretes de Conferencias (AIIC) con el propósito de ordenar y proteger esta profesión de reciente creación.

En la década de 1980, Daniel Gile, PhD en matemáticas y lingüística, logra dividir las complejas operaciones cognitivas que tienen lugar durante la interpretación simultánea en cuatro esfuerzos: escucha y análisis, producción, memoria, y coordinación. Sí, es verdad, cada uno de estos esfuerzos requiere una capacidad de procesamiento en la que sobresalen las máquinas. ¿Pero qué ocurre con la comunicación no verbal? ¿Qué pasa cuando se introduce un comentario sarcástico o irónico que sólo podrá transmitirse fielmente si se percibe el gesto del orador? ¿Cuánto de lo que se está procurando enunciar se detecta inconscientemente?

Estudios científicos, especialmente en el campo de la psicología, sostienen que el 50 % de la comunicación situacional es no verbal; por lo tanto, se deben observar las señales que trascienden lo que pueden captar los cinco sentidos: gestos, expresiones, reacciones del oyente y metalenguaje.

La comunicación es mucho más que palabras, y estas no son entidades vacías, sino vehículos que transportan emociones, creencias y hasta confusión. Recuerdo una ocasión en la que un diplomático extranjero —después de algunos tragos— dijo: «¡Qué gran país tienen! Agradezco a usted, señor Presidente de Brasil…. ». En realidad, estaba en la Argentina y, en esa época, las relaciones entre la Argentina y Brasil no eran tan fluidas como ahora. Confundirnos con Brasil era casi un insulto. Si el intérprete no hubiera cambiado «Brasil» por «Argentina», la interacción se habría tornado ríspida y la situación, difícil de remontar.

Ya en nuestros días, la tecnología ha influido nuestra labor: contamos con Internet, software para compilación de glosarios y reconocimiento de voz, memorias de traducción, bases terminológicas y tesauros. Tan importante es la tecnología, que la UE –empleador masivo de servicios de interpretación- ha decidido financiar el proyecto AVIDICUS que explora el uso de la interpretación por videoconferencia. El fin que persigue el uso de esta modalidad de interpretación es agilizar la cooperación transnacional, reducir costos y aumentar la seguridad durante la comparecencia de testigos y peritos en los procesos penales. Otro ejemplo: en junio de este año se celebró en Monterey, California, la Third North American Summit on Interpreting, también conocida como Interpret America. Y, por supuesto, uno de sus ejes temáticos fue el impacto de la tecnología en la profesión del intérprete de conferencias.

En razón de lo expuesto, estimo que las máquinas no podrían reemplazar a las personas que logran crear un vínculo entre el emisor y receptor de un mensaje, pues, hasta ahora, solo el mediador lingüístico logra comprender son los rasgos paralingüísticos y la pragmática. Este proceso requiere empatía, discernimiento, transmisión gestual de un mensaje, inteligencia emocional; todas destrezas innatamente humanas.
Adhiero plenamente a la conclusión de Interpret America 2012: «Los intérpretes no serán reemplazados por la tecnología, sino por intérpretes que usan tecnología». Intuyo que seguiremos interpretando culturas, no solo idiomas, y, en las palabras del Dr. Barcia, expresidente de la Academia Argentina de Letras, continuaremos siendo pontoneros culturales y lingüísticos, excepto que construiremos nuestros puentes sobre plataformas más eficientes y veloces.

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