Seminario anual sobre Interpretación: De Buenos Aires a Oxford, sin escalas

Como todos los años, la red de intérpretes consultores a la que tengo el honor de pertenecer desde hace cuatro años, Calliope-Interpreters, se reunió para celebrar su seminario y Asamblea General anuales a principios de enero.  Esta vez la cita tuvo lugar en la encantadora ciudad de Oxford, una ciudad con larga historia académica y la siempre vigente impronta de Harry Potter.

En la insigne sede de la Unidad de Educación Continua de la Universidad de Oxford, durante tres días de intensas reuniones, se debatieron las nuevas tendencias en traducción simultánea, interpretación consecutiva, interpretación susurrada, y la estrella del momento, la interpretación de lenguas de señas. La experta en este campo, la miembro de Calliope-Interpreters y de la Asociación Internacional de Intérpretes de Conferencias, Maya de Wit, nos presentó las preguntas más frecuentes sobre la interpretación de lenguas de señas a partir de ejemplos de la vida real en el Parlamento Europeo. Lamentablemente las lenguas de señas no son aún parte del conjunto de idiomas oficiales de las instituciones de la Unión Europea.

Se dedicó suficiente tiempo a discutir las políticas relativas a la visibilidad y las redes sociales, una cuestión que siempre presenta dificultades por la línea bien delgada que existe entre la posibilidad de promocionar nuestros servicios de traducción e interpretación y la confidencialidad que nos obliga.

Siempre es fascinante analizar las diferencias y las similitudes entre los mercados, las necesidades y los usuarios en los diferentes países en los cuales ofrecemos servicios de interpretación, traducción y equipamiento de interpretación simultánea desde la Ciudad de Buenos Aires a Sídney, pasando por Chile, Perú, Brasil y Estados Unidos, entre tantos otros países.

Conscientes de la importancia de la cultura general para los intérpretes no faltaron las giras turísticas por la ciudad de Oxford, los claustros universitarios y los resabios de civilizaciones tan antiguas como la romana.

Llegamos al final de los tres días con una valija cargada de tareas para realizar, planes para ejecutar y los mismos deseos de volvernos a encontrar dentro de un año, en algún otro lugar del mundo.